lunes, diciembre 29, 2008

La Tercera Cultura

Por Armando Euceda

Cuando en 1959 el inglés C. P. Snow publicó su ensayo acerca de “Las dos Culturas”, definió una polarización de la sociedad en dos componentes, una científica, fundamentada en las ciencias naturales, y otra intelectual, y las describió aisladas. La lluvia de críticas que siguió no se hizo esperar. Algunos trataron de acercar las divergencias ofreciendo un tercer enfoque al que se llamó “La tercera cultura”.

Snow había tocado un nervio vital del tejido social que resaltaba un contraste de formas de pensamiento y la idea, repelida, pasó al olvido por más de 30 años hasta que John Brockman la revivió, con una nueva visión y otro significado (“La Tercera Cultura”; 1993). Hoy el debate es intenso, polémico y -gracias al Internet- planetario.

Los seguidores de esta tercera cultura vienen de todas las áreas del conocimiento: filósofos, biólogos, psicólogos, antropólogos, físicos, químicos, matemáticos, lingüistas, etcétera. Coinciden en una propuesta holística que valora la incertidumbre, la evolución y el caos; caminan sobre las cuerdas de lo inmensamente pequeño y tienen como horizonte el filo del universo conocido.

Y, a mitad del camino de estos extremos los pensadores de esta vía científica e intelectual debaten sobre la neurociencia y el problema de la conciencia; la Tierra como ser viviente y el calentamiento global; y, las ideas neodarwinianas, con los genes como propagadores biológicos y los memes como propagadores culturales.

¿Qué tan seria es esta tercera cultura?, ¿es una moda o una tendencia de pensamiento? La respuesta es evidente: en el mundo universitario estas ideas están germinando a gran velocidad.

El tema es pasión académica: La profesora Gloria Origgi publicó en Italia un ensayo acerca de “¿Quién le teme a la tercera cultura?” (2/26/06); mientras en Harvard, cinco profesores, debatieron acerca de la conciencia del individuo, los genes, la existencia del electrón, etcétera; y al hacerlo electrizaron un auditorio en la Escuela de Postgrados en Educación (4/12/06).

Opiniones de 119 pensadores acerca de la pregunta: ¿Cuál es tu idea peligrosa?, circularon el planeta desde los primeros días de enero de 2006 a través de http://www.edge.com/ y de cientos de periódicos y revistas.

“Página/12” publicó en Buenos Aires “En la caverna de las ideas científicas”, un exquisito artículo en el que se citan 10 de las 119 ideas peligrosas (9/4/06). Su autor, Federico Kukso, nos recuerda que “los 119 ensayos esbozan un mapa intelectual, multidisciplinario, que ilumina, asombra y al mismo tiempo confunde, pero que sobre todo nos indica donde estamos parados. Y donde, tal vez, estaremos mañana”

La ciencia, la religión y el amor no se escapan del pozo de ideas fecundas de la tercera cultura. Disfrútelas:

Martin Rees, astrofísico de la Universidad de Cambridge, cree que posiblemente “la ciencia está fuera de control”. Afirma que “Ninguna generación ha sido tan influenciada por la ciencia como lo ha sido la nuestra: la ciencia ofrece un potencial inmenso –especialmente para el mundo en vías de desarrollo-, pero podría traer desventajas catastróficas.”

Paul Bloom, psicólogo de la Universidad de Yale, le da a la vida mental una base puramente material: “No hay almas, si lo que llaman alma es algo inmaterial e inmortal, algo que existe independiente del cerebro, entonces las almas no existen.”

Pero Jesse Bering, psicólogo de la Universidad de Arkansas, afirma que “la ciencia nunca silenciará a Dios”. “Nunca llegará el día en que Dios no susurre en los oídos más ateos. El continuará aullando su descontento hasta el fin de los tiempos.”

David Buss, psicólogo de la Universidad de Texas en Austin, señala que después de haber explorado las dimensiones oscuras del aparejamiento humano, ha permanecido inmutable ante su firme creencia en “el amor verdadero”.

Pero, ¡Cuidado! Los memes de la ciencia, la religión y el amor son combustible puro para encender debates a perpetuidad.