miércoles, junio 14, 2006

Tiempos de bits

Hace 40 mil años, en lo que hoy es Checoslovaquia, la humanidad hizo registros numéricos en la mandíbula de un lobo; posteriormente -8,500 años antes de Jesucristo- en un pedazo de hueso, se registraron 4 números primos. Y así, pasando por el ábaco, de registro en registro, en tránsito por la ruta que traza el sistema binario de numeración, con la ayuda de las tarjetas perforadas de Lady Ada, viajando temporalmente en la máquina de Turing, hemos llegado hasta las bases de datos que hoy en día almacenan en la cabeza de un alfiler, bit a bit, la información contenida en la enciclopedia británica completa.

Una nueva y poderosa era digital se apodera de todas las sociedades del siglo en que vivimos. Desenhebra los hilos de cobre que un día maravillaron los albores del siglo XX y, en su lugar, auxiliada por una telaraña global de fibra óptica, que crece a un ritmo impresionante, teje la existencia de una piel global de comunicaciones; un número casi infinito de nodos que, como fuentes de hilos imaginarios, está haciendo prisionero al planeta. Es la era digital que se ubica en la proa de la edad del hierro planetaria en la que -a juicio del pensador francés Edgar Morin- actualmente vivimos.

Plataforma tecnológica, Gigabits-por-segundo, comercio electrónico, WeMedia, Blogs, gobierno electrónico, ipod, universidad virtual, ancho de banda, periódico digital, .com, .org, .edu, etcétera, son los nuevos nombres de lo que en la era digital es lo cotidiano.

En 1947, el transistor, dispositivo que a lo largo de la historia llegaría a ser el más importante invento del siglo XX, tenía el tamaño del puño humano; hoy en día un procesador Pentium, de tamaño comparable con su dedo pulgar, puede albergar 100 millones de transistores.

Hace aproximadamente dos décadas, el Internet era apenas una curiosidad. En los laboratorios mejor equipados de las principales universidades del mundo se utilizaban módems que trasmitían a la impresionante velocidad de ¡300 bits-por-segundo! Hoy en día, en su hogar u oficina puede recibir señales transmitidas en el rango de ¡10 a 100 millones de bits-por-segundo!

Y esto es solo el comienzo. “Cables de fibra óptica son actualmente instalados en todo el mundo a la impresionante razón de más de tres mil millas-por-hora” (Duderstadt y Womack; 2003). Además, a la vuelta de la esquina nos esperan los nuevos hallazgos en óptica y computación cuántica que prometen dejar en los albores de la era digital los avances hasta hoy conocidos.
Quizás conviene alarmarnos un poco citando la idea peligrosa que a principios de este año enunciara el neurocientífico computacional Terrence Sejnowski: “Me pregunto, ¿cuánto se parece el poder computacional de Internet al del córtex cerebral, la parte más interconectada de nuestro cerebro? En estos momentos Internet y nuestra capacidad de buscar en ella están en el rango de almacenaje y capacidad de comunicaciones del cerebro humano, y se presume que lo sobrepasará en el 2015.”
Pero cuidado, no agotemos nuestras sorpresas. Quizá estamos viviendo la prehistoria de la información y los bits son solo heraldos del reino de los qbits, especie de danza o entrelazado entre el 0 y el 1 que, a la espera de la evolución de la computación cuántica, prometen dejar sin aliento a nuestro vanidoso mundo digital.
A la más veloz de las supercomputadoras actuales, atrapadas en la danza de los bits, le tomaría unos 10 millones de años poder, digamos, factorizar un número binario de 256-bit; esta misma operación le tomará a una “computadora cuántica”, bailarina de los qbits, apenas unos 10 segundos. Si esto es posible, el enigma de la criptografía será un juego de niños y la expresión “tele-transpórtanos Scotty” dejará de vivir en el mundo de la ciencia ficción. Que esto sea viable, no lo sé. Quizás nuestros nietos conocerán la respuesta. Quizás no.

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